Volver no siempre es empezar de cero
Hoy es seis de enero, Día de Reyes. Una fecha que suele asociarse con ilusión, regalos y comienzos. Enero, además, llega cargado de expectativas, propias y ajenas. Como docentes, se espera que volvamos a clases con energía, con claridad, con planes renovados. Sin embargo, la realidad no siempre coincide con esa imagen.
El regreso a clases como docente muchas veces se vive con sensaciones mezcladas. Hay un poco de ilusión, sí, pero también emociones difíciles de explicar, como la sensación de no haber descansado del todo. A veces no iniciamos algo nuevo; simplemente retomamos el camino. Y eso también cuenta.
Es importante no ser duros con nosotros mismos. Volver a los ritmos, a los grupos y a las responsabilidades se vive con especial intensidad en la docencia, porque no solo implica retomar actividades, sino volver a sostener procesos, vínculos y expectativas.
El regreso como reorganización interna
Este regreso implica reorganizar horarios, pensamientos, cuerpo y ánimo. Implica, en muchos casos, sostener a otros cuando uno mismo todavía se está acomodando. Ese esfuerzo cotidiano no siempre se nombra, pero forma parte central del trabajo docente.
El inicio de un nuevo ciclo escolar no siempre comienza con claridad total. A veces comienza con cansancio, con dudas o con la necesidad de ir despacio. Reconocerlo también es una forma de cuidado.
Enero como momento de transición
El Día de Reyes puede marcar ese punto intermedio: aún queda algo de ilusión en el ambiente, pero también sabemos que el regreso está cerca. Es un recordatorio de que las clases comienzan pronto y de que la rutina vuelve, con todo lo que eso implica.
Quizá este momento pueda pensarse como una transición. Un espacio para reconocernos tal como estamos hoy y, desde ahí, poco a poco, ir encontrando el ritmo para lo que viene. Sin prisa, sin exigencias innecesarias.
Volver con amabilidad
Porque volver no siempre significa empezar de cero. A veces significa retomar lo que ya somos, con calma, respetando nuestros tiempos y circunstancias personales, sin compararnos. A veces es simplemente continuar, pero con un poco más de claridad sobre lo que necesitamos para sostenernos mejor.
Y quizá eso sea suficiente para iniciar este nuevo ciclo con mayor amabilidad hacia nosotros mismos, recordando que, cuando nos cuidamos como docentes, también cuidamos los espacios que habitamos y compartimos.
En LiLDAR, creemos que acompañar el regreso también implica validar lo que se siente, no solo lo que se espera.