Mantener el ánimo: un acto de esperanza activa
“Cada día, un docente, sostiene más que una clase: sostiene el alma de la educación, así que mantener tu ánimo es mantener viva la esperanza de un futuro mejor.”
No siempre es fácil mantener el ánimo dentro del aula. A veces el cansancio se disfraza de rutina y la poca motivación se oculta detrás de compromisos que hay que cumplir; y, aun así, hay que seguir, frente al grupo, ignorando las sensaciones que sentimos y sosteniendo el aprendizaje de nuestros alumnos, incluso aunque sea a pesar de uno mismo o aunque el reconocimiento no llegue, ni siquiera por parte de los propios padres, quienes miran a sus hijos día a día avanzar mientras yo estoy al frente en el aula. A pesar de ello, y con el cansancio y la desmotivación, permanezco. Sigo ahí, y me pregunto: ¿soy la única maestra que se siente así?, ¿soy la única que ha llegado a cuestionarse por qué sigue aquí? ¿Acaso esto tiene que ver con mi vocación?, ¿es ella quien me sostiene? ¿Te lo has preguntado alguna vez?
Y es que ser docente en México no es tarea sencilla. El sistema no siempre ofrece las condiciones más adecuadas ni el respaldo que se requiere, pero, aun así, no puedes permitirte dejar caer tu espíritu. Porque tú sabes que, si pierdes el ánimo, la educación misma corre el riesgo de quedar a la deriva. Entonces surge la pregunta que quizá la mayoría de los maestros nos hacemos en silencio: ¿cómo mantengo el ánimo con el ritmo que demandan y requieren los alumnos, a pesar de todo lo mencionado?
Hasta el día de hoy creo que no existen respuestas mágicas; bueno, yo no he encontrado ninguna aún. Pero lo que sí he podido ver son caminos posibles que nos permiten, como maestros, dar un respiro y no caer en el desánimo, porque una vez ahí es más difícil mirar opciones que nos favorezcan.
En mi experiencia de 20 años de servicio he identificado cinco ideas principales que quizá puedan ayudarte, como me han ayudado a mí, siendo una guía o inspiración para activar el autocuidado como docente, incluso cuando todo parezca ir en contra y para no caer en el desánimo.
1. Reconocer nuestro valor real como docente
No solo cumples un horario de trabajo: tú ofreces cada día a tus alumnos lo mejor de ti mismo, tu preparación, tu compromiso y tu deseo genuino de responder a las necesidades de quienes aprenden.
Reconocer lo que día a día haces es muy importante, porque eres alguien que, con su esfuerzo, deja huella en la vida de tus alumnos, y eso da sentido a tu vocación. Con ello reafirmas tu impacto dentro de tu comunidad y de la sociedad. Tu labor no es sencilla: es muy valiosa.
2. Cuida tu salud emocional
El ánimo no se mantiene en el silencio; es necesario encontrar un espacio adecuado donde puedas hablar y sentirte comprendida. Cuidar a otros no es fácil, requiere mucho esfuerzo, y por ello es necesario compartir lo que sientes, buscar acompañamiento psicológico donde no te juzguen y que te permita volver a ti, a tu centro, de una manera nutrida. Porque, para poder cuidar a otros, tienes que cuidarte a ti primero.
3. Construye comunidad con otros docentes
Nada levanta tanto el ánimo como la compañía de quienes viven lo mismo que tú. Los espacios de diálogo, las charlas entre colegas y la colaboración fortalecen el espíritu colectivo. La educación también se sostiene entre maestros que se acompañan y se reconocen, sin juzgar.
4. Encuentra sentido más allá del aula
Eres persona antes que docente. Tu ánimo se alimenta del arte, de la lectura, del descanso, de la naturaleza, de tu familia. También se nutre de esas pequeñas cosas que disfrutas hacer para ti: cocinar, bailar, compartir con tus amigos, disfrutar un buen café, realizar actividades recreativas o de esparcimiento.
Dedícate tiempo simplemente para ti. Recuerda que la vida también enseña fuera del aula: amplía tu mirada y refresca tu corazón. Así puedes regresar renovado(a) y, muy seguramente, manteniendo el ánimo.
5. Acepta tus límites
No puedes mantener el ánimo si vives bajo la exigencia de ser perfecto. Como docentes, muchas veces miramos los errores como fallas, pero no lo son. Los errores son aliados que te permiten crecer y reflexionar. Te invito a mirarlos así: como parte natural de la vida y del proceso de enseñar y aprender. Reconocer tus límites con humildad te libera de la presión y te ayuda a conservar la serenidad necesaria para seguir adelante.
Por último, y a modo de recordatorio, compañero docente: no hay que olvidar que mantener el ánimo como docente en México es casi un acto de rebeldía, una forma de esperanza activa. Y, si lo logras, no será porque las condiciones sean favorables, sino porque tú has decidido mirar más allá del cansancio y sostener tu vocación desde lo más profundo: el deseo de ver crecer a nuestros alumnos, con la posibilidad de un mejor mañana, incluso cuando el presente se vuelve incierto.